El muñeco

el muñeco

    Desde la vitrina me continúa mirando el muñeco con duro gesto. Vestido con polvorientas ropas de bebé que denotan al paso de los años.

    Como cada día me acurrucó en el oscuro salón iluminado tan solo por el suave resplandor de las velas, a observar su mirada inmóvil.

    Un muñeco de porcelana de mirada triste y resignada, que me observa en silencio, mientras me interroga con sus ojos.

    Ahora solo reina el silencio, pero aún puedo escuchar sus gritos suplicantes de aquella noche.

    —Mama, Mama, me haces daño, por favor, no me claves ese cuchillo

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