Vas a morir

vas a morir

    Otro maldito mensaje anónimo. Desde hacía una semana no paraba de recibirlos. ¿Quién demonios sería? Siempre el mismo texto, “Vas a morir”.

    Al principio lo tomé como una broma, sin embargo, con el tiempo, empecé a sentir miedo, mucho miedo. Si se estaban tomando tantas molestias, sin duda había algo de real en esas amenazas.

    Desconfiaba de todo el mundo, del conserje, de mis compañeros de trabajo, de cualquier vecino que me cruzase por las escaleras. En la ciudad no estaba seguro, partiría a la cabaña del lago de mis padres, nadie sabía dónde estaba, solo yo. Sería mi fortaleza.

    Ayer estaba aterrado, ahora estoy tranquilo. Me gusta sentarme en el porche al calor del sol, completamente solo, con la única compañía de mi sombra. Levanto mis brazos para desperezarme y me doy cuenta de que ella no imita mis gestos. ¿Cómo es posible? Muevo mi pierna, pero mi sombra permanece impasible mirándome desde su oscuridad. De pronto cobra vida propia, sus garras se aferran a mi cuello.

    Que imbécil he sido, ahora lo entiendo. Voy a morir a manos de mi propia sombra.