La mansión Crow Mirror – Capítulo XXIII

MCM - cap 023

Capítulo XXIII – El descubrimiento de la relación.

Por Antonio Pérez Ruiz – François Lapierre.


 

    Peter maldijo para sus adentros no haber reparado en dejar el anillo a buen recaudo cuando decidió dirigirse a la Mansión Rowmir. Sus pensamientos estaban en otra parte. Ahora era tarde. El relato de Herr Vex había dejado claro lo que su inconsciente le ocultó de forma más o menos velada, permitiendo tan solo su aparición en algunos sueños, durante todos esos años. Únicamente quedaba el asunto del anillo, saber cuál era el misterio que se ocultaba tras él, el por qué llegó a manos de su abuelo.

    Ahora se encontraba a su merced y tenía tan claro como el agua que éste no dudaría en arrancarle el dedo si fuera preciso con tal de apoderarse del dichoso anillo. No estaba dispuesto a consentirlo.

    Herr Vex volvió a guardar la petaca en su bolsillo y se limpió la boca con la manga. A Mongabay no le importó en absoluto que no le ofreciera un trago. El frío se intensificó en una mañana que no terminaba de abrir y un escalofrío recorrió el cuerpo de Peter, no acertando éste a adivinar su causa, si la baja temperatura o enfrentarse a aquel hombre. Estaban cara a cara, en silencio, y se mantuvieron lo que parecieron minutos observándose meticulosamente, atisbando el menor indicio de ataque por parte de cualquiera de ellos.

    —¡Vaya! así que usted es el culpable de esta hermosa marca longitudinal —arrancó el detective señalando con su mano la zona, intentando ganar algo de tiempo  —no tengo palabras para agradecerle el gesto  —terminó irónicamente.

    —Estábamos en guerra. Todo valía. No me guarde rencor por ello. Pero ahora recurriré a la amabilidad y, por ello, le pido que me entregue ese anillo. Es vital que esté en mi poder.

    —Se trata de un objeto heredado. Como comprenderá mi obligación es negarme.

    —Y la mía arrancárselo por la fuerza —dijo Herr Vex, claramente irritado.

    Y lanzó un derechazo hacia el rostro de Mongabay que éste esquivó certero,  inclinándose y aprovechando para golpear, a su vez, el descuidado estómago del mayordomo. El golpe encolerizó aún más al oficial de las SS. Había perdido su habitual pericia en esas lides y comprendió que su intento por apoderarse del anillo resultaría harto difícil. Recurrió a hacer uso de su mayor corpulencia abalanzándose hacia el detective. Ambos cayeron al suelo y se enzarzaron en una pelea que parecía no tener fin. Peter se deshizo como pudo y logró hacerse con su M1911. Se irguió y le apuntó.

    —Se acabó, Wulfgar Von Kriegg. Ahora soy yo el que pide. Deme los documentos que tiene sobre mí. Sé dónde se encuentran y usted me los va a dar, amablemente —dijo emulando las recientes palabras de Vex.

    —Se arrepentirá. Sepa que de cualquier modo el anillo saldrá de su dedo para no volver a  estar en él nunca más.

    Se dirigieron hacia la entrada. Herr Vex iba delante, lo cual hizo recordar a Peter las palabras de su padre respecto a la seguridad, a la confianza en sí mismo. Él, justo detrás, sin dejar de apuntarle, deseó no ser visto por nadie más en la mansión.

    Por fortuna, Margaret no estaba. Hubiera resultado embarazoso explicar el porqué de apuntar al encargado de mantenimiento con la pistola. Mongabay lo obligó a acceder de forma impulsiva al recinto secreto.

    Allí encontraron a Marjorie, lo cual no sorprendió a ninguno de los tres. Estaba escuchando “I don’t care if the sun don’t shine”, de Dean Martin, quizá motivada por aquella mañana triste, y siguió bailando, sin afectarle el hecho de que el detective apuntara con un arma a aquel hombre, contoneándose al son de las trompetas como solo ella sabía hacerlo. Mongabay no pudo resistirse a mirarla y en su cara se dibujó una sonrisa lasciva que quizá hubiera captado Marjorie, pensó con un leve sentimiento de culpabilidad.

    Herr Vex, mientras, se dirigió a un rincón y movió unas carpetas apiladas, extrayendo de la parte inferior los documentos que Peter le pidió. Se acercó para entregárselos de mala gana. El detective los ojeó sin apartar demasiado la vista, aún con el arma apuntando. La canción finalizó. Marjorie extrajo el disco y lo volvió a su ubicación. Después se acercó hasta el detective echando hacia atrás su melena, sonriendo, disfrutando de su poder sin igual en su condición de mujer inalcanzable. Se puso junto al detective y le colocó la mano en el brazo extendido, en ademán de que dejase de apuntar al mayordomo. Peter accedió a bajar el arma. Sabía que Herr Vex no intentaría nada estando aquella joven delante.

    —Revisaré a fondo estos documentos y averiguaré cuál sería la razón de que hayan llegado hasta aquí; su posible relación con todo este caso.

    —No le va a gustar lo que descubra, se lo aseguro —apostilló Herr Vex.

    —Y tú, Marjorie, no quiero que cuentes nada de esto a nadie. Ni siquiera a tu madre.

    —Ella lo sabrá pronto —respondió la joven.

    —¿Por qué dices eso? ¿Qué te hace pensarlo?

    —Se lo dirá este hombre —respondió señalando a Herr Vex  —Mi padre.

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