El guardián

el guardian

Relato de la serie homenaje a Isaac Asimov

    —Pumpy, Pumpy, atrapa a esa mariposa —exigió enfadada Rose.

    El viejo androide intentaba trotar tras ella, sin embargo, no fue diseñado para ese tipo de funciones. No poder cobrar esa presa para su pequeña ama, provocaba cortocircuitos en su celebro positrónico.

    “Dolor, dolor —se repetía PUMP FX9”.

    Del mismo modo, que todos los robots fabricados a partir del modelo FENIX N2 por la U.S Robots, estaba programado con las tres leyes de la robótica.

    La primera: Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

    La segunda: Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la primera Ley.

    La tercera: Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda Ley

    Pumpy, como le llamaba Rose, era un robot administrativo. Nunca había tenido que ejercer de explorador, y mucho menos aún, de niñera. Sin embargo, cuando el ISS (Imperial Space Ship) Saratoga fue atacado por naves de guerra de los Tualek, Pumpy consiguió escapar en una lanzadera salvando la vida de Rose.

    Los Tualek habían declarado la guerra al imperio terrestre, y la galaxia estaba cayendo en manos del enemigo.

    Afortunadamente, poco antes de que se agotaran los recursos que hacían funcionar los servicios de soporte vital, divisó aquella pequeña luna habitable que no figuraba en las cartas de navegación.

    Pumpy, el androide administrativo, consiguió alunizar, adecuó la nave como vivienda, exploró los alrededores en busca de posibles peligros, y se convirtió en el guardián de la raza humana en ese sector de la galaxia.

    No tenían comunicación con ningún otro mundo, por lo que a efectos prácticos, aquella niña de nueve años, era el único ser humano que empíricamente podía considerar vivo, todo lo demás eran puras suposiciones. PUMP FX9, debía defender a Rose a toda costa, porque ello suponía ser el guardián de la especie.

    Pasaron los años, y Pumpy continuaba buscando, sin descanso, el modo de contactar con la civilización. Envió una sonda radar, y rezó para que quienes la localizaran, no fuesen los Tualek. Bueno, rezar, rezar, exactamente no, ya que todavía no se han implantado creencias religiosas en los cerebros positrónicos. Digamos que lo deseó con todas las fuerzas con que un androide puede alcanzar un sentimiento humano.

    Aquella mañana ocurrió. Una gran lanzadera de color gris, alunizó al lado de su casa. Pumpy los observaba contento, eran tropas del imperio. Divisó dos androides RAMBO UMC8, del cuerpo de marines galácticos

    —¿Estas bien, amigo? —preguntó el robot de mayor graduación.

    —Sí, sí, pero no preocuparos por mí, entrad, y poner a salvo a Rose —le dijo.

    Abriendo la puerta, penetraron en la lanzadera reconvertida en hogar, con sumo cuidado de no asustar a la humana. Mientras tanto, Pumpy permanecía en el exterior, aliviado por aquel rescate.

    Los dos robots salieron al exterior y procedieron a desconectar a Pumpy. Debían llevárselo y reprogramarlo. Si le explicaban lo que habían visto, su cerebro positrónico se destruiría, la única solución posible era el analisis de un psicorobotista.

    Dentro de aquel hogar, en una silla, permanecía inmóvil el cadáver putrefacto de una niña de nueve años.