¿Qué nos ha pasado?

que nos ha pasado

    Tantos años de convivencia han apagado la llama del amor, ya no somos ni amantes, ni pareja, tan solo dos extraños que comparten morada. ¿Cuánto hace que ninguno de los dos pronuncia un “Te quiero”?

    Aún recuerdo el mareo y los nervios que invadían mi cuerpo esperándote en el portal de tu casa. La dulce y tierna sensación de sentir tu mano al pasear, y la emoción que embargaba nuestras almas ante un largo e interminable beso de pasión.

    Como un niño temblaba cuando sonaba el teléfono y eras tú. Tu voz me parecía el sonido más maravilloso sobre la faz de la tierra. Eso era amor, por encima de novelas y películas antiguas, un amor que dio paso al deseo de los cuerpos desnudos, embargándonos en placeres reservados a los dioses del olimpo.

    Vinieron años de ternura y frenesí, una época gloriosa en que miraba mi reloj esperando el momento de volver a casa y besarte tras decir “Te quiero”. Ansiando el instante en que compartiendo el lecho dormíamos abrazados después de hacer el amor.

    Pasaron los años y aún nos dedicábamos alguna mirada y algún “Te quiero” de tanto en tanto, más las obligaciones y los cuidados a nuestros hijos nos separaban irremediablemente al uno del otro.

    Finalmente, la pasión desapareció. Compartíamos la cama como podrían hacerlo dos amigos, sin buscar el roce ni el contacto de nuestras pieles.

    —Querida Sofía, en aquella época ya no había ni un solo “Te quiero”.

    Ahora te miro, vuelvo a fijarme en tu rostro, en tus labios, y siento ganas irrefrenables de abrazarte, y decírtelo con la misma intensidad de hace años.

    Callas, no me hablas, no me miras. Dios ¿Por qué abre tardado tanto en decidirme?

    Pero ha llegado el momento de volver a decírtelo.

    —“Te quiero”.

Pero tú no me miras, no contestas, desde la frialdad de tu ataúd la muerte te lo impide.