La mansión Crow Mirror – Capítulo XXII

MCM - cap 022

Capítulo XXII – VIEJOS AMIGOS QUE SE ENCUENTRAN.

Por Fernando Mora.

 

    Lo primero, recuperar los expedientes.

    Al segundo café consigo recordar dónde los puse anoche. No hubiera sido elegante portar en una mano una copa de Moët & Chandón y en la otra unas carpetas como si fuera un vulgar notario. En mis manos eran como un anuncio de neón que no podía confiar a nadie.

    Empezaba a angustiarme cuando fijé mi vista en una hermosa reproducción del cuadro “Gabrielle d´Estress y su hermana”. Había visto el original en el Museo del Louvre, tras la toma de París, y ya entonces me había llamado la atención el enigma del anillo que portaba una de las hermanas desnudas. La que recibía lo que parecía un pellizco en su pezón derecho. Muy apropiado, pensé. Lo del anillo, no lo del pellizco, claro. Y escondí tras el lienzo las carpetas.

    Como saliendo de la espesa niebla de mi resaca empieza a tomar forma la corazonada.

    —¡Señor Mongabay!, qué placer contar con usted en esta noche tan especial.

    —El placer es todo mío, señor Cromwell. La mansión luce hoy deslumbrante.

    —Quién quiere ser alguien en la vieja Nueva Orleans vendería gustosamente su alma al diablo por estar despidiendo el año con nosotros. Estamos orgullosos de ser el centro de atención de tanta gente ilustre.

    —Imagino que será una noche excelente para hacer negocios.

    —No le entiendo.

    —Música, champagne que mana de una fuente inagotable, hermosas esposas aburridas de sus maridos, maridos entrados en años en busca de la eterna juventud, habitaciones que guardan secretos inconfesables…Perfecto caldo de cultivo para un abogado.

    Un embarazoso silencio se hizo durante un breve instante. El suficiente para que reparase en los zapatos del abogado. Unos exquisitos zapatos Oxford. Empapados.

    Pagué la cuenta de los cafés y me guardé la nota en la que la camarera me había dejado su número de teléfono. La mañana era fría, como corresponde al primer día del año pero estaba determinado a entrar rápidamente en calor en cuanto volviera a la mansión.

    Antes de llamar al portón de entrada observé a Herr Vex encaramado a una escalera manipulando unos cables de la fachada. me saludó con una ligera inclinación de la cabeza. Hubiera dado el último de los cigarrillos que quedaran en el mundo por leer sus pensamientos y descifrar ese amago de sonrisa que se dibujaba en sus labios.

    Vaya, vaya, Herr Mongabay. El caprichoso destino finalmente nos reúne en el sitio más inesperado, lejos de los campos de batalla. Qué tiempos aquellos en que fuimos leones. No puedo evitar cierto sentido de la camaradería militar al cruzarme contigo, tan ajeno a tu fin pero con ese aire entre cínico y burlón, tan Bogart.

    Me miras como si me conocieras, como si algo en tu pasado te trajera mi recuerdo sin saber cómo ni por qué. Nuestras vidas ya se cruzaron infinitas veces desde que te lanzaste sobre Normandía en 1944. Sabía que formabas parte de la 101º aerotransportada de infantería paracaidista. Mi misión era capturarte y llevarte a presencia del Reichsführer Himmler:

    —Vivo o muerto, Standartenführer Von Kriegg. Debe encontrar el anillo que porta el americano. Un anillo dorado con un cuervo que se mira en un espejo. El destino del Reich depende del éxito de su misión.

    Luego Las Ardenas. No recuerdas nada. Solo una cicatriz que te recorre el cuerpo como una serpiente. Te hubieras ahorrado mucho dolor si hubieras portado entonces el anillo. Te encontramos inconsciente en una hedionda trinchera y nuestros cirujanos hicieron un trabajo excelente. Un cateterismo para descartar que lo tuvieras escondido en el interior de tu cuerpo. Y ya que estábamos allí, subimos un poco más en la exploración. Mi firma en un cuadro de enorme valor.

    El no encontrarlo entonces te dio unos años más de vida. Pero ya no tienes más cuerda que dar a tu reloj. El anillo está esta vez en tu mano.

    Wulfgar sacó la petaca que escondía en un bolsillo de su mono de trabajo y bebió un trago largo de Jägermeister mientras tarareaba muy bajito la SS marschiert in feindesland:

    “Wir kämpften schon in mancher schlacht…”

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